Todos somos performativos (aunque no nos guste admitirlo)

En toda identidad hay, inevitablemente, algo de performativo.

No en el sentido superficial que ha adaptado la palabra en estos días—no como sinónimo de falso, simulación o vacío—sino en un sentido más estructural: existir en lo social implica, siempre, algún grado de representación.

Ser también implica performar.
Tampoco en el sentido literal del anglicismo to perform como simple ejecución, sino como una forma de aparecer en la sociedad.

Elegimos qué decir, qué callar, cómo vestirnos, cómo movernos, qué referencias usar, qué partes de nosotros se vuelven visibles y cuáles permanecen en segundo plano. No es un error del sistema: es el sistema.

La vida social, en ese sentido, siempre ha tenido algo de escena.

Pero hay una incomodidad persistente alrededor de esta idea. Decir que todo es performativo suena, para muchos, como decir que nada es auténtico. Como si reconocer la dimensión performativa de la identidad implicara vaciarla de verdad.

Un mismo objeto puede habitar registros distintos. Puede ser leído, trabajado, pensado; o puede circular como signo.
No porque una cosa invalide la otra, sino porque no producen lo mismo. En un caso, funciona como punto de partida para una comprensión; en el otro, se agota en su visibilidad.

Llamar algo “performativo” no implica, en su sentido más preciso, que sea falso o meramente representado. Más bien, como desarrolla Judith Butler en Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity (1990), en el contexto de su crítica a las concepciones esencialistas del género, ciertas identidades no existen como una esencia previa que luego se expresa, sino que se constituyen en la repetición de actos, gestos y formas de aparecer en el mundo. Butler plantea que el género no es algo que se “es”, sino algo que se “hace” de manera reiterada, produciendo la ilusión de una identidad estable. No se trata, entonces, de una máscara que oculta algo más “real”, sino del proceso mismo a través del cual aquello que entendemos como “real” adquiere forma. En este marco, la performatividad no funciona como sinónimo de simulación, sino como una condición de posibilidad de la identidad: no aquello que la distorsiona, sino aquello que la produce.

Sin embargo, en su circulación contemporánea, el término parece haber desplazado su sentido. En espacios como Reddit, “performativo” rara vez remite a esta dimensión constitutiva; más bien, aparece como una forma de sospecha. Se utiliza para señalar aquello que se percibe como calculado, superficial o dirigido a una audiencia, como si performar implicara necesariamente una desconexión entre lo que se muestra y lo que se es. En ese registro, la palabra se acerca más a la idea de actuar—de encarnar rasgos que no se sostienen fuera de la escena—que a la noción de que la identidad misma se produce a través de sus formas de aparición. Fenómenos recientes como el performative boy cristalizan esta lectura: una figura que designa a hombres que adoptan signos asociados a sensibilidad política, cultural o emocional —lecturas, estética, lenguaje— no como resultado de una elaboración sostenida, sino como estrategia de reconocimiento dentro de determinados entornos sociales. Más que describir un proceso, el término funciona como señalamiento y, en muchos casos, como acusación.

Esta figura no surge en el vacío. Como documenta la cobertura reciente de The New York Times, el “hombre performativo” se ha consolidado como un arquetipo reconocible en la cultura digital contemporánea, al punto de ser tematizado en eventos públicos, narrativas virales y discusiones mediáticas que oscilan entre la sátira y la crítica social (Gupta & Stock, 2025). En ese contexto, el término se aproxima a categorías anteriores como la del poser: sujetos cuya identidad se percibe como construida en función de la mirada ajena más que de una relación sostenida con aquello que representan. La carga peyorativa no es incidental; revela una ansiedad cultural más amplia en torno a la autenticidad, la intención y la legitimidad del gesto.

Lo que está en juego no es únicamente la sinceridad del gesto, sino la posibilidad misma de distinguir entre expresión y estrategia.

Si algo deja ver esta tensión no es que la performance deba evitarse, sino que resulta inevitable. No existe un “afuera” de la escena. Incluso el rechazo a performar, incluso el intento de sustraerse de la mirada, constituye ya una forma de aparecer. En ese sentido, el problema no radica en la performatividad misma, sino en aquello que la orienta.

Porque no todas las formas de performar responden a lo mismo.

Algunas buscan reconocimiento inmediato, legibilidad, pertenencia; se ajustan a códigos ya establecidos y operan en función de cómo serán percibidas. Otras, en cambio, se sostienen en un interés que no depende por completo de su visibilidad, en una relación más lenta, menos calculada, con aquello que se lee, se piensa, se viste o se dice.

La diferencia no siempre es evidente desde fuera, pero transforma por completo la experiencia desde dentro. Si como sugiere Butler, la identidad no precede a sus actos sino que se produce a través de ellos, entonces la pregunta ya no puede ser si performamos o no. La pregunta es otra: bajo qué condiciones, hacia dónde, para quién.

Quizá lo que está en juego no es recuperar una autenticidad entendida como esencia previa: algo puro, intacto, anterior a toda mediación, sino sostener una forma de relación con aquello que hacemos que no dependa únicamente de su reconocimiento.

Dejar de performar no es una opción; evitar que la performance se convierta en sustituto de la experiencia que pretende mostrar, sí.

Porque, al final, el mundo sigue siendo un escenario.
La cuestión es si lo habitamos, o si solo aprendimos a representarlo.

 

Fuentes consultadas:

Austin, J., & Barthes, R. (s. f.). Performatividad. https://www.edumargen.org/docs/curso42-11/unid03/apunte06_03.pdf

Contributors to Wikimedia projects. (2026, 28 abril). Performative male. Wikipedia. https://en-wikipedia-org.translate.goog/wiki/Performative_male?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc

Gupta, A. H., & Stock, N. (19d. C., agosto 26). ¿Quiénes son los hombres ‘performativos’? The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2025/08/19/espanol/cultura/hombre-performativo.html

Saxe, F. N. (2015). La noción de performatividad en el pensamiento de Judith Butler: queerness, precariedad y sus proyecciones. https://www.redalyc.org/journal/4355/435543383002/html/

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El intelectualismo performativo es, en cierta forma, antiintelectualismo